V3 19/02/2025
FADE IN
EXT. CAMPO ABIERTO – DÍA
Nos encontramos en Tlaxcala, en la época prehispánica. El paisaje es árido, con pasto seco y montañas al fondo. El cielo está despejado, diáfano, y se escuchan grillos, cigarras y el gorjeo lejano de algunos pájaros. En ese campo yermo, donde al principio no hay señales de actividad humana, aparecen unos pies con sandalias de bambú que pisan la tierra reseca.
La mirada asciende por un kimono holgado de color rojo hasta descubrir el rostro de un SAMURÁI joven, de rasgos asiáticos, imberbe, con el cabello recogido en una coleta. No porta la armadura tradicional de batalla; en cambio, lleva la katana colgando del costado.
El SAMURÁI contempla el horizonte, examina el pasto, remueve la tierra con la punta de las sandalias y mira alrededor. Es evidente que está perdido.
De entre unos arbustos cercanos emerge una ardilla. El SAMURÁI lleva la mano a la empuñadura y desenfunda apenas la katana en un gesto defensivo. La ardilla se asusta y trepa a un árbol. El SAMURÁI avanza hacia el tronco con curiosidad y, al llegar al pie del árbol, recoge una mazorca de maíz. La contempla, confundido: la gira entre los dedos, la huele, la palpa con ambas manos, intenta morderla y se lastima los dientes. La deja caer al suelo.
A sus espaldas se escucha un ruido y el SAMURÁI gira con la mitad de la katana desenfundada.
A unos cinco metros de distancia aparece un GUERRERO JAGUAR tlaxcalteca. Va descalzo, tiene el rostro pintado de negro, viste una piel de jaguar con alas de águila en los brazos y porta un enorme cuchillo de sacrificios con empuñadura de serpiente.
El SAMURÁI y el GUERRERO JAGUAR se contemplan en silencio, como si midieran el peso del enfrentamiento. El viento levanta hojas y polvo en el claro. La mano del SAMURÁI se afirma en la empuñadura de la katana; la del GUERRERO JAGUAR se cierra sobre el pedernal.
El SAMURÁI adopta una postura defensiva y desenfunda la hoja completa con un fluido movimiento. El GUERRERO JAGUAR avanza con su arma en alto. Comienza el combate.
El tlaxcalteca lanza un golpe vertical y el SAMURÁI lo desvía con su katana, girando para crear distancia. El GUERRERO JAGUAR recupera el equilibrio y ataca de costado, pero el SAMURÁI se agacha y el arma corta el aire sobre su cabeza. Ambos giran alrededor del otro en una danza mortal, sus armas chocan y lanzan destellos. El SAMURÁI amaga un golpe directo y el GUERRERO JAGUAR se inclina para evitarlo. El SAMURÁI gira sobre su talón, la katana traza un arco en el aire, pero pierde el equilibrio y cae. El GUERRERO JAGUAR se lanza sobre él y el SAMURÁI intenta cubrirse de las puñaladas con desesperación.
CORTE A:
EXT. PARQUE MODERNO EN TLAXCALA – DÍA
En la misma posición en la que el GUERRERO JAGUAR atacaba al SAMURÁI, un adolescente golpea a otro. Este último es JULIÁN y está vestido con un kimono rojo. En el suelo yace una katana que, al verla de cerca, se revela como un objeto de plástico barato, un juguete de los que se venden en los tianguis. Junto a ella hay un volante con la leyenda: “ANIME-FEST TLAXCALA”.
Al fin, el adolescente más grande deja a JULIÁN y se marcha. JULIÁN permanece un rato en el suelo, luego se levanta y se aleja rengueando, con un brazo apretado contra el costado para paliar el dolor. Su mano presiona las costillas, le escurre sangre de la nariz y de los pómulos magullados.
INT. COMBI – DÍA
JULIÁN viaja sentado, adolorido, en el asiento trasero de una combi. Aún usa el kimono. Frente a él dos personas mayores lo observan en silencio, sin expresión.
INT. DEPARTAMENTO – ATARDECER
JULIÁN llega a una casa de interés social, con pasillos estrechos y paredes de pintura gastada. La luz entra mal por las ventanas, los muebles son viejos. En la sala, frente al televisor encendido, está la MADRE de Julián sentada en el sillón, un poco desaliñada, bebiendo una cerveza directamente de la botella.
La MADRE lo ve entrar golpeado, cubierto de cardenales y con visibles cortes en la cara.
MADRE
¿Otra vez, Julián?
JULIÁN no responde. Pasa de largo y comienza a quitarse el traje. En el lavadero intenta quitar las manchas de sangre del kimono, aunque él mismo sigue sangrando en varias partes del cuerpo. Lo talla con insistencia, una y otra vez. Luego lo plancha. Al final, lo contempla extendido sobre la cama con una expresión de profundo dolor, lo coloca en una bolsa para traje y camina hasta el armario. Lo abre: dentro hay más de diez bolsas idénticas, y se entiende que cada una guarda un disfraz parecido. Desde el interior del ropero lo vemos cerrar, dejando solo una rendija de luz.
JULIÁN se mete en las cobijas y apaga la luz de la lámpara.
En la oscuridad, junto a la cama, se distingue la sombra del SAMURÁI.
FADE A NEGRO
TÍTULO EN PANTALLA
“Otakus”
FADE OUT FINAL

Rafael E. Quezada (Ciudad de México, 1995). Cursa un Doctorado en Letras. Egresado del Diplomado en Estudios de Guion (UNAM). Autor del libro de cuentos El hambre del mundo (Ediciones del Lirio, 2023). Ganador del «Concurso Iberoamericano de Ensayo para Jóvenes» del Fondo de Cultura Económica (2017); del XXI Certamen de Relato Corto «Eugenio Carbajal» (España, 2024); y del Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo 2025.
