Todos los cuervos son negros. Si algo no es negro, entonces no es un cuervo. Carl Hempel
1
Ornitólogo de interiores, Carl Hempel
toma de su escritorio una pluma de vuelo anónimo,
siente en la palma de su mano
el peso inextricable de su historia
y dilucida de ésta la forma y el uso del arco.
Ensimismado en su lógica, da un rodeo
por la hueca recámara de su mente
―telar de signos ante el desfiladero―,
busca hasta detrás del viento.
Carl observa y apunta,
le embarga la emoción de una inferencia
como recobrando una noche
que sabe ajena,
como extrayendo de la almohada
un sueño no soñado
que, sin embargo, recuerda.
La pluma sobre su mano ligeramente se tambalea,
se mece como flotando en un tiempo
que escapa a las conjugaciones,
no la reconoce, pero la sabe brújula,
advierte que precisa el nebuloso sur
de indecisas claridades, súrculo
del cual se desprende, invariable,
la sombra alada de su búsqueda.
De la pluma y el arco deduce a Zenón,
de la tinta en el ápice de la caña
y de las contradicciones del eleata
Hempel deduce…
No.
Manifiesta
el negro latido del cuervo.
En la cueva de sus ojos fija los suyos,
declara la noche y sus astros invisibles,
todos los libros que en la tinta cobrarán un cuerpo,
el gato y sus adjudicados perjurios,
y Hempel, parado ante la puerta del infinito,
pluma en mano, rescata la hora sepultada,
de su reloj de ala brota el día
y escribe:
Todos los cuervos son negros.
Si algo es un cuervo, entonces es negro.
Satisfecho,
devuelve la péndola deseante
al esperado tintero,
engastado en el anillo del tiempo
el vértice rapaz de su sentencia,
en el límite último del pensamiento
donde
cuervo
y
negro
se ahogan
en indecisas caligrafías.
2
Sobre el hombro lleva la integridad de su existencia:
un libro de páginas ennegrecidas,
grabadas hasta la última esquina con arcanos antiluz.
Códice de ónix, con su lengua crepuscular
da a la noche el color de su canto.
Cuando se encuentra ante el espejo,
en los ojos del gemelo que habita la sagrada superficie
confirma su vocación de estrella caída entre los pájaros,
se reconoce
y se halla a sí mismo en el otro
y se sabe negra huella en el viento
y se identifica como cuervo entre cuervos
se reconoce
y los astros conservan sus órbitas
en su peregrinación por la vasta noche
y la Tierra retoma su deber de peonza:
precede y perpetúa el sueño del mundo.
3
En el suelo de la jaula que se llama habitación,
un millar de párvulos córvidos
se cubren del frío con una manta de polvo.
Bajo el ingrávido sudario pululan los esquemas,
tiemblan dibujos de precisión anatómica:
a pesar de que Hempel
ha visto cuervo tras cuervo,
todos de negro plumaje,
la sombra que lleva al hombro
no es más sombra ni más cuervo.
Hojas del calendario y nuevos diagramas
caen en continua sedimentación,
y al percatarse de la presencia del espejo,
ve que, detrás de su imagen asimétrica pero equivalente,
se esconde una terrible amenaza.
Y susurra:
Si algo no es negro, entonces no es un cuervo.
Con sagrado terror comprende ahora
la magnitud de su empresa, ensayo circular de la asfixia:
El zapato blanco no es negro, entonces no es un cuervo.
La manzana no es negra, entonces no es un cuervo.
La silla no es negra, entonces no es un cuervo.
La concatenación de tinta y papel
conjuga en el mortal empirista
una espiral irrefrenable hacia la nada
en que el absurdo todo lo envuelve:
ha de catalogar todo lo que no es negro,
ha de enumerar todo lo que no es cuervo,
ha de inventariar todo lo que
en el aliento en fuga llamado universo
y todo lo que en el telar abandonado
que se la ha dado el nombre de tiempo
contraríe su palabra.
Separó lo no negro de lo negro
y vio que no era cuervo.
En su urobórico frenesí hizo girar las cifras
hasta después del último amanecer.
Agotadas todas las velas, dormidos todos los soles,
tal vez, sólo tal vez,
la manzana ya sin sabor,
el zapato raído hasta la médula,
la silla sosteniendo aún la más paciente de las sombras,
el mismo Carl Hempel,
en la oscuridad común,
todo sea un cuervo.

Álex Moreno. Diseñador gráfico de profesión y poeta de vocación. Es autor del poemario Síntesis y rupturas. Ha participado en las antologías Pausas con platón, Poetas del trópico, Voces desde la casa. Antología de la literatura contemporánea tabasqueña, entre otras. Es colaborador de la Escuela de Escritores “José Gorostiza” y miembro de la Sociedad de Escritores Letras y Voces de Tabasco. Beneficiario del PECDA en 2017 y diplomado en Redacción Profesional por parte de la Escuela de Escritores José Gorostiza y en Creación Literaria por la Secretaría de Cultura y el INBAL.
