Nosotros | por Alejandro González Domínguez

Nosotros | por Alejandro González Domínguez
I

Este es mi lugar en el mundo Lo habito, lo recorro, lo camino Aquí me han dejado sin entender nada Porque todo lo entendí cuando era niño Y ya lo he olvidado Me dejan solo, me muerden, me golpean Porque ya es hora, porque ya es tiempo De ser un hombre y afrontarlo Y lloro como para llenar las peceras O darle de beber a los sedientos Lloro de miedo, porque da pavor Esto de ser hombre, esto de estar en el mundo
II
No es que seamos inútiles, es que nos dejaron solos y no hubo en aquellas noches alguien que nos pasara un vaso con agua, una miga de pan, un beso en la frente. No es que seamos tontos, es que no hubo nadie que nos enseñara a ser hombres, a ganarnos la vida de forma honrada, a pagar lo que pedimos prestado. No es que seamos blasfemos, es que sabemos que ninguna plegaria es escuchada, que toda súplica acompañada de promesas la dejaremos sobre la mesa, porque no cumpliremos nada. No es que seamos mentirosos, es que todo es mentira, es que igual nos gusta estar equivocados. Equivocados en el dinero, en la vida, en el amor y tal vez tengan razón: no comprendemos la vida, comprenderemos, tal vez la muerte. No es que seamos ladrones, es que nada es de nadie. Somos como animales, buscamos la ternura, la olfateamos en los confines de los cuartos abandonados por los amantes, buscamos la carne y si no encontramos la robamos, porque somos tan pobres, tan mendigos, tan miserables, que merecemos todo lo que es el amor, todo eso que al parecer no es para nosotros.
III
Hagan un desfile, tiren confeti por todas las calles, traigan una banda de música, den una ovación de pie y pongan lo mejor en el banquete, repitan todos los días después de cualquier jornada, porque es muy difícil en verdad aceptar esto que somos sin tirarnos por las ventanas, sin volvernos completamente locos, cuando hay motivos de sobra. Hagan una danza, tiren fuegos artificiales, den mil conciertos, háganlo todas las noches, para los que tuvieron el valor y finalmente se inmolaron, renunciaron o se rindieron. Hagan todo eso y más para los que siguen, especialmente para los que han fracasado en el intento.
IV
El cielo ha dibujado sexos con las nubes Los hombres hoy no están cansados Las mujeres simplemente quieren hacerlo porque es un buen día, porque el sol se ha puesto sobre las láminas y los tejados. Todos se tocan con fervor sobre esta ciudad maldita y no hay nadie matando a nadie y todos los coches están estacionados y absolutamente nadie está trabajando las oficinas, las tiendas, las iglesias están vacías las facturas, las solicitudes, los tickets de compra no se imprimirán hoy. Por eso tal vez no hay cuartos disponibles en los moteles Imagino que todos están haciendo el amor.
V
La verdad es que no sabemos hacer nada, por eso rompemos todo a nuestro paso. No es que seamos malos, es que no nos enseñaron a cerrar los puños sin hacer daño a las mariposas y el error nos los hicieron pagar con la burla y la carcajada. Es que nadie nunca nos ha amado y vamos dando tumbos por las calles y vemos de lejos el abrigo de las casas, buscamos en las cantinas el fogón para dormir fuera del frío y nos botan de todos lados. Dormimos sobre todos los suelos, hasta ser parte de los suelos, hasta ser esquivados por los correctos. No es que seamos feos y sucios, es que ustedes no son nosotros. Es que ustedes son perfectos y todo es tan sencillo para ustedes como apretar un botón e iluminar un cuarto a oscuras. Es que nosotros no trabajamos y mendigamos el pan de cada día. Somos ridículos hasta el cansancio porque sabemos distinguir el sexo de las estrellas, porque bebemos del rocío de las madrugadas, porque hemos sido perseguidos por leones azules sobre los tejados de las casas y escuchamos el grito afónico del cansado sol y nos comemos la luna en cada hambruna. Es que ustedes han visto a Dios, pero nosotros lo conocemos.
VI
Le diste hogar a esa pequeña planta a veces la pones bajo el sol fuera de tu ventana esa pequeña planta contempla tu habitación, tu cama, tu desnudez La cuidas, le das agua le has dado las llaves a una porción de tu vida ¿Encontrarán otras plantas un hogar? ¿Encontraré a alguien que me ponga bajo el sol fuera de su ventana? ¿Podré pertenecerle a alguien como a ti te pertenece esa planta?
VII
En este poema Está ese poema que nunca escribiré Ese perfectamente escrito Con toda la lluvia que me pudo mojar los pies Con todas los besos y las caricias Que nunca me han dado y nunca daré.
VIII
Estoy seguro de que escribirás un buen poema cuando tengas que identificar mi cuerpo sobre la cama metálica gris y fría del forense cuando mi corazón pese menos que una hoja agitada al viento y mis manos posen buscando acariciarle la cabeza a la noche. Tal vez escribas un poema como el de los relojes de Auden ese en el que ruega que las cosas se detengan o uno como el del perro de Carver ese que habla de lo bien que se siente escribir un buen poema a pesar de la muerte. Entonces esbozarás una sonrisa y estarás casi feliz de que yo haya muerto.
IX
Soy del tamaño correcto de la muerte Tengo los requisitos, los papeles puedo hacer cuanto sea el trámite me pide mi cuerpo como si se tratara de un animal salvaje me pide mi vida, blanca y vacía me pide los tallos inermes de mi sangre le daré lo que pueda, lo que queda un amasijo de silencios celestes.
X
Este poema quiere existir Necesita existir, necesita andar Ser pájaro o ser hombre Tener un pasado, un presente Tener sus muertos, corretear gatos Fumar cigarrillos por la noche Necesita vivir, pero como a nosotros nada le será dado No caminará sobre ningún jardín, nadie sabrá de él Este poema es un tachón Apenas un aliento Se guardará en el fondo Olvidado.

Alejandro González Domínguez (Tabasco, 1997). Estudió Ciencias de la Educación en la UJAT, cursó el taller de poesía Carlos Pellicer y el curso de creación Literaria “Escribir con la Hierba”. Ha dado lecturas en las Jornadas Pellicerianas organizado por el estado de Tabasco.