MAL NEGOCIO EL DE ELEGIR EL LABERINTO

POR ARMANDO GUTIÉRREZ VICTORIA

RESEÑA: ALBERTO HERNÁNDEZ, RUTA DE EVACUACIÓN. MÉXICO, ESCRÚPULOS, 2022.

Resulta sumamente difícil evadir los lugares comunes cuando se trata de escribir una reseña. Los comentarios hiperbólicos, ditirámbicos y absolutos nos llegan como involuntarios reflejos del idioma, los hemos leído tantas veces, en tantos lugares, que alguien debería compilarlos todos en un enorme volumen de carácter enciclopédico, a ver si ahí se quedan quietos de una buena vez. Ruta de evacuación, del poeta mexicano Alberto Hernández, ciertamente no es el libro “éxito en ventas”, “obra maestra de la literatura”, “visión exquisita del mundo destinado a revolucionarlo” y demás tonterías que se acostumbran decir en aquellos cintillos y comentarios de café. Para mi gusto, Ruta de evacuación sintetiza el inicio de un cambio significativo en la literatura de hoy, uno que se deja sentir, como todo lo que lleva su tiempo, pero que al final conlleva muy buenos resultados, de forma paulatina y sutil.

Creo yo que este poemario, integrado por 22 composiciones e impreso bajo el sello de la editorial independiente Escrúpulos, señala un tránsito en la sensibilidad estética de nuestros días. Hay, porque ello resulta evidente desde los primeros textos, un abierto diálogo con las vanguardias de principios del siglo XX, mismas que buscaron, extraña coincidencia, terminar con las convenciones estrechas que limitaban a la obra literaria. Ruta de evacuación ensaya, en ese sentido, una desintegración de impronta vanguardista que sabe aprovechar e impide al lector seguir este libro como un itinerario lineal, más bien, somete su lectura a los distintos puntos de fuga que pueden correr desde un mismo centro, pero que no necesariamente se interrelacionan entre sí.

Ruta de evacuación es, ya lo he dicho, un libro que en su superficie participa de aquella rebeldía por las formas consagradas en la poesía. No obstante, contrario al espíritu combativo de los ismos artísticos, y tras una atenta lectura de sus poemas, se nos vuelve evidente que este libro se articula bajo un tácito sentido de derrota, un cierto agotamiento pesimista que se entremezcla muy bien con las formas abiertamente experimentales. Es gracias a este afán anti-combativo que la visión del mundo cotidiano, y ya no sólo el de la abstracción cubista o el inconsciente surrealista, se nos vuelve un poco más humana, más cercana a nosotros, a lo que sentimos cuando se nos termina el gas, cuando llegamos tarde al trabajo, cuando hemos olvidado unas cuantas monedas para nuestro camión y, en suma, todo se va al carajo.

Ruta de evacuación conforma, así, un extraño retablo del pesimismo cotidiano mediante trazos abiertamente experimentales, un collage de los objetos y situaciones insignificantes que, vistos desde cierta perspectiva, pueden revelarse como símbolos modestos de nuestra propia existencia, abreviados en unos cuantos poemas.

Con todo, el poemario no abandona ciertas constantes de la tradición literaria. Quizá la que recorre más sugerentemente sus versos sea la ausencia de Dios. Y aquí, hay que decirlo, no estoy hablando de un credo concreto, una religión particular o cierto culto, sino del desamparo universal de sabernos en la nada, de ser conscientes que no hay nada que nos salve, que nos conforte cuando todo sale mal y más lo necesitamos; nadie sanará nuestro cuerpo cuando nos sintamos más vulnerables. Ante ello, lejos de caer en el melodrama trágico, el poeta opta por la mirada irónica y cierto tono lúdico como método más adecuado para sobrellevar esta nada. La ironía, así, nos empequeñece hasta la más oscura de nuestras tristezas y nos permite, visto con más calma, burlarnos de nosotros mismos.

No soy afecto a señalar los “poemas mejor logrados”, pues ya he dicho lo mucho que aborrezco los lugares comunes; en su lugar, me conformo con la simpleza de anotar los que más me han gustado. Juzgue el lector luego si he obrado con justicia: “simulacro”, “dolor”, “sedición”, “instrucciones para levantarse de la cama”, “quimera”, “pasa” y “oración”.

Armando Gutiérrez Victoria (Ciudad de México, 1995). Actualmente cursa el Doctorado en Literatura Hispánica en El Colegio de México. Ha publicado artículos académicos en revistas nacionales y extranjeras, así como textos de creación (cuento, poesía, ensayo) y crítica en publicaciones como Punto en Línea, La Palabra y el Hombre, Campos de Plumas, Primera Página, Nudo Gordiano, Periódico Poético, Íbidem, Didasko, Pérgola de Humo, etc.