ACERCA DEL LENGUAJE

POR MARIELA PUZZO

Desde una óptica puramente subjetiva y experimental el lenguaje trasgrede los usos social y utilitario mediante un desplazamiento que lo devuelve a su gravedad existencial, implantación como ser; ser del lenguaje y ser de la escritura.

El lenguaje es desaparición; en su cabalgadura vida-muerte es habla profunda que se gesta al borde del abismo y se precipita al vacío. El proceso escrituario se abre a la pregunta infinita de Blanchot; jamás concluye, es pasado y tránsito del instante presente hacia el porvenir, pregunta que no arriesga ninguna respuesta o la respuesta es su misma pregunta que una y otra vez traslada el lenguaje.

En el juego del lenguaje y su dialéctica la pregunta se transforma, se debate entre instantes de servidumbre y libertad. La escritura no es solo instante presente es la marca o la borradura de esa huella que jamás volverá a ser transitada. En su construcción y destrucción se asiste a la metamorfosis que sufre el lenguaje en cuanto ser; sufre por ser, porque es; existencia e instante de aparición que instaura un límite ante lo ilimitado del lenguaje. Dentro del sistema, ante la ley se funda un acto irreverente, subversivo que dirige el lenguaje hacia su otro sentido transformado no solo en contradicción sino en afirmación. Esta mirada crítica, en crisis, no encuentra su plenitud en la exposición sistemática de las distintas teorías filosóficas para transformarse en un movimiento de flujos y conexiones solo relacionados entre sí por el juego a que atienden. Tan próxima a sí misma, la lengua, trasciende todas las teorías del lenguaje, atravesada por una Experiencia Interior (Bataille) solo puede ser expresada literariamente. Lenguaje; aporía y fuente de perseverancias, de contradicciones que jamás se resuelven, lugar de encuentro entre el ser y la nada o entre el ser de la nada y sus manifestaciones. Lo que ha sido dicho y afirmado negándose a sí mismo para dar paso al proceso de la escritura, al acto de lenguaje. Su Obra es la historicidad del mundo porque es desde la historia del lenguaje que se crea el mundo, se interrelaciona y encuentra su propia muerte, su instante posterior y su recomienzo eterno, su más allá que continúa siendo lenguaje. En el encuentro de él y su negación se expresa un habla distinta, inigualable e individual. Toda habla singular es ruptura de esa historicidad que funda el lenguaje, lugar de encuentro, de nacimiento y de pérdida, proceso del lenguaje. El ser del lenguaje se abre a su propia maravilla y a su miseria, es lo eterno, y el espacio de la escritura: punto cero de todo lenguaje. Somos llamados por él y negados al mismo tiempo por nuestra posibilidad de morir. La obra permanece para siempre inacabada, haciéndose y por hacer, enfrentamiento con nuestra vida y nuestra muerte, con nuestra conciencia de ser. Esta imposibilidad de ser lenguaje es la que nos inserta en la posibilidad de nombrar hasta lo innombrable, infinito que nos abre a la experiencia del ser por y para el lenguaje.

El signo inserto en el sistema, sostenido por él revierte su función de comunicar o de transmitir esa obra inacabada, ese instante de lo por decir, lo que todavía no ha sido dicho, el todavía no de la muerte en Levinas, por lo tanto, el lenguaje-llamada o invocación es despojamiento del signo y en su establecimiento de lo otro aparece el verdadero lenguaje, la verdad que es fundamento no de una verdad universal sino de la verdad del instante que tanto se afirma como se sustrae del todo decir de la palabra. El verdadero lenguaje conserva y, a su vez, rechaza toda intencionalidad, de ahí que la verdad es evanescencia. El ser-para-la-muerte es el espacio insustituible que se muestra como en un juego de espejos con lo que jamás fue dicho, pero tiene la posibilidad de ser. En la instalación del habla se asiste a su negación o imposibilidad. El nombre instaura a un sujeto que se apropia y se desapropia de su verdad, por esto, la verdad del lenguaje es una implantación y una estadía ilusoria dentro del esquema deformado o transformado del lenguaje, fugacidad que tienta la palabra que al mismo tiempo se expresa y se evade; ambición de un ir hacia la posesión de lo dicho y su desprendimiento.

La palabra del ser del lenguaje es invocación de un estado primero y último donde el ser pierde su posición para no dirigirse a nada, para dirigirse a la nada. 

¿Qué es el lenguaje sino una invocación en el vacío? El lenguaje es la instauración de ese vacío donde el ser para el conocimiento se ha fugado para siempre.

El saber del lenguaje es oscuro, habita una tierra árida y desconocida donde se asiste al nacimiento de esa palabra que nos contentaría con cierta ambición de decir, sin embargo, esa habla infinita se sustrae continuamente; silencio, transición entre el encuentro y lo que jamás volverá a repetirse. En la ambición del ser-para-el-lenguaje, en su retención se funda una tarea de fe, por lo tanto, ese trabajo llevado a cabo en el silencio y la palabra, corrida de su sitio de espera, esperando expectante, es el trabajo o la obligación con el hay aquí de la existencia (Levinas), el peso de lo grave y lo serio del que no nos podemos sustraer ni por la espera ni por el olvido. El hay que hacer de la existencia es lo que Levinas llama el trabajo de existir, y en el enfrentamiento con lo otro nuestra palabra se pierde o se encuentra con el rostro del otro. 

La obra del lenguaje rechazada para siempre rechaza a su autor insertándolo en el afuera del lenguaje; punto irreversible, violencia ejercida por el hablar en el instante, en la eternidad de la palabra por decirse.

La obra del lenguaje, como lo expresa Blanchot, siempre se expresa como rechazo en el tiempo; es del lenguaje abortado, sacrificado, ofrenda para nadie ejercida en la obligación de la existencia. El lenguaje diferido y rechazado por la obra es el intento por encontrar esa palabra que muere en la herida, es en lo diferido del tiempo donde el escribiente se encuentra con un rechazo, lo que le impone volver sobre la tarea del descubrimiento de ese lenguaje, su lenguaje; eterno recomenzar. 

Creador de significante quien escribe se aparta de su criatura para dar con el vacío de obra y con su propio vacío. En esta irreductibilidad de su decir se instala el despropósito, el escándalo o habla del desastre. Palabra primera que inaugura el intento de creación de un lenguaje para siempre perdido y recuperado tras su pérdida, o no recuperado jamás. 

El juego del lenguaje desde la soledad es la noche, la fiesta y su destino. Es palabra en el rigor y la exigencia de su venida.

Mariela Puzzo (Argentina, 1971). Autora de El Vientre de las cosas (Poesía) 2001, El Monte (Novela) 2009, Signo Develado (Poesía) 2010, Solo la lengua teje infinito (Poesía) 2018, Correspondencia (Carta) 2022. Publicación en revistas literarias: Kametsa (Perú), La Alcaparra (España), Ridyn (Venezuela), Monociclo (México), Letralia (Venezuela), Hemisferios (Argentina), El Mutante Poético (Argentina).