JULIA

POR RICARDO CONTRERAS HERNÁNDEZ

Julia estaba en el mercado de flores como todos los jueves, con una canasta de mimbre y unas monedas en la mano. Buscaba los puestos a los que había ido desde que tenía doce años, cuando le encargaron que comprara un ramo de crisantemos para su madre.

Mientras caminaba por la gran nave con piso de concreto lleno de tallos y hojas marchitos, sintió cómo un gato se atravesaba entre sus piernas, siguiendo su andar. Zigzagueaba entre las piernas de Julia mientras ella caminaba amable y serena.

Doña Guadalupe, florista por tradición familiar, disfrutaba atender a sus clientes, explicándoles para qué era cada flor, su aroma y los arreglos que deleitarían más a cada uno de sus destinatarios, saludó a Julia con una sonrisa y un abrazo cálido, con un beso en la mejilla que llenaba de felicidad a quien lo recibía. Ese día, la joven iba por unos girasoles, lilis y tulipanes. Doña Guadalupe le entregó las flores aún húmedas de sus tallos y Julia las colocó en su canastita de mimbre. Pagó a la florista con las monedas que llevaba y se despidió de la misma forma en la que se saludaron.

Salió del mercado con sus faldas revoloteando por el viento. Su existencia hacía feliz a las personas; irradiaba un halo de amabilidad a donde fuera que fuese. El vestido de organza amarillo y gasa blanca era perfecto para ese día de verano. Entró a su casa por la puerta de madera y pasó al comedor, también de madera, en el que había un florero de talavera. Removió las flores marchitas, cambió el agua en la pileta que había en el jardín y colocó las flores recién compradas en el envase, alegrando aún más la casa. Salió de nuevo al patio y se sentó en una pequeña silla de madera debajo de un árbol de buganvilias. Volteó a ver las jaulas con pájaros coloridos revoloteando; se sentía contenta con la rutina de las flores y la silla bajo la sombra del árbol. Estaba tan contenta que un día, después de más de ochenta años, encontrarían su cuerpo sin vida recostado en aquella silla, lleno de pétalos de buganvilia, revoloteado por pajaritos, con un ramo de claveles en sus manos.

PERFIL IRRADIACIÓN

Ricardo Hernández (Ciudad de México, 2005). Joven escritor de pasatiempo. Actualmente estudia el bachillerato en Querétaro, habiendo concursado en grandes fiestas de la DGETI como el ENAC estatal 2022, con el cuento “La sombra en el marco de la puerta”, y el XXI Festival Académico Nacional, en la disciplina de Comunicación.