MÁQUINAS

POR MARÍA ELENA LORENZIN

Herón de Alejandría  (siglo I d.n.e)  inventó la primera máquina expendedora para su empleo en los templos . Dispensaba agua bendita con solo introducir una moneda en un receptáculo. Sin fines de lucro, fue bien recibida por los clérigos, quienes pudieron controlar la voracidad de los mercaderes que comerciaban con el agua sagrada. Desde entonces, el original invento se ha extendido  a innumerables rubros. El último, poco ético, es la máquina dispensadora de bebés recién nacidos con la que países del Tercer Mundo contemplan atraer a desesperadas parejas extranjeras y, de paso, pagar con sangre la ominosa deuda externa. 

María Elena Lorenzin (1943, Jáchal, Argentina).  Licenciada en Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza y doctorada en la Universidad de Flinders, Australia. Ha publicado dos libros de microrrelatos: Microsueños (2008) y Parricidio (2018) ambos en Editorial Asterión, Santiago de Chile. Sus textos han sido recogidos en múltiples antologías y revistas literarias. Miembro fundadora de REM. Red de Escritoras Microficcionistas.