PIDE UN DESEO

POR ANGÉLICA RAMOS

10:49 p.m.

David se acerca cada vez más a Renata mientras ésta sigue apasionada comentando sobre los agujeros negros en el espacio. De un solo movimiento el chico acorta la distancia que hay entre los dos en el sillón de aquel bar. Sentado a su lado, pasa el brazo por su espalda hasta posarse sobre su hombro izquierdo; comienza a juguetear con el suave lóbulo de Renata entre sus labios, lento recorre la femenina mandíbula hasta que llega al mentón, sube a la boca y la besa. Renata responde a la caricia por unos segundos hasta que, empujándolo, aparta a David de su rostro.

—¡Para!, ya te lo dije, me gustas mucho, pero solo de aquí —señala su cabeza—. Lo nuestro nada más es intelectual y no hay posibilidad de que trascienda a algo carnal. Además, estoy enfocada en mis materias; no me interesa el contacto físico con los chicos.

David la escucha mientras bebe su cerveza. Durante meses ha soportado sus rechazos hasta esta noche.

—¡Mentira!, ¡eres una mentirosa! Por supuesto que te interesa el sexo, llevas semanas haciéndolo con el tipo de la cafetería —apunta a la ventana que da justo al local de enfrente—. Por eso me citas aquí los viernes, me exprimes la cabeza con charlas intelectuales para después ir a la cama con el  idiota aquel. ¿Qué se siente ser la zorra de un cavernícola en motocicleta?

Renata con el rostro enrojecido de coraje abofetea a David. Toma sus cosas y se va. Él trata de alcanzarla pero la mesera lo entretiene con la cuenta. Cuando al fin consigue salir del bar, encuentra una calle vacía y el sonido de una motocicleta alejándose a toda velocidad.

11:00 p.m.

Decepcionado con él mismo, parado en medio de la calle, se hunde en su frustración y se pregunta por qué no es lo suficientemente bueno para ella.

Camina rumbo a casa. “¡Mierda!”, piensa. Aún enojado patea una lata, cae a los pies de una anciana sentada en el piso, a un lado del Callejón del Deseo.

—Disculpe, señora. No fue mi intención.

La mujer con la miraba baja y la cabeza cubierta con un rebozo sólo responde:

—Deseos, vendo deseos. Entra al callejón y haz realidad tu sueño.

David sonríe tímidamente, se siente apenado y quiere compensar a la anciana.

—¿Cuál es el precio?

—Una moneda —responde—, la que sea.

—Claro… aquí tiene.

—Espera, te vas sin tu deseo —la mujer saca un papel amarillento de una caja de cartón y un trozo de carbón—. Escríbelo aquí, entra al callejón y encuentra un hoyo en la cantera para que cumpla tu deseo.

11:11 p.m.

El joven incrédulo camina buscando un lugar apropiado para su deseo, la luz naranja de la lámpara apenas ilumina la pared. Piensa que en otras circunstancias jamás haría ese ridículo ritual, pero le alivia saberse solo en esa calle y que tal vez la anciana no lo reconozca después.

Inserta el papel en un orificio. Sale del callejón, la mujer se ha ido.

La noche siguiente recibe un mensaje de Renata, dice que le urge verlo, que vaya a su departamento.

Renata abre la puerta y sin decir nada se abalanza sobre él, lo besa desbocadamente, lo lame y lo chupa. Lo acuesta sobre la mesa y lo desnuda. Él está feliz. Ella comienza a mordisquearle el pecho hasta que clava profundo sus dientes en la piel, desgarrándola con fuerza. Mastica con placer aquel bocado mientras el grito de dolor de David retumba en las paredes del departamento. Renata está en trance y sigue comiendo más: del pecho, las mejillas, los brazos, el abdomen, los muslos; no puede parar. Arranca salvajemente los trozos de piel y de músculo y los muele en su boca como si nunca hubiera comido en su vida. No le importa estar manchada de sangre. Sentada sobre el ahora amorfo torso de David, comienza a salivar cada vez que se acerca para arrancar más pedazos de carne.Él, entre el llanto producido por el dolor y el terror, recuerda lo que escribió anoche en el callejón: “Deseo que Renata me quiera hasta la locura, que me tome con fuerza, que me pruebe, que me coma, que me haga suyo hasta saciarse”.

Angélica Ramos (Zacatecas, 1989). Publicada en el quinto número de la revista Metahumano con el cuento fantástico “Semillas Estelares” (2021), seleccionada con su relato corto “Las Pequeñas Muertes” para la revista en línea Extrañas Develadas (2022), también con el cuento “Casa Vacía” para Cósmica Fanzine (2022) y recientemente participó en la Jornada de No Violencia Hacia las Niñas y las Mujeres con el cuento “La Delgada Línea” para Red de Narradoras México.