¿AVANCES EN LA COP26?

POR ELIZABETH GONZÁLEZ PARDO

Hace unos días culminó la famosa COP26: conferencia sobre el cambio climático, celebrada del 31 de octubre al 12 de noviembre del 2021 y que tuvo lugar en Glasgow, Reino Unido. En este sitio se congregaron jefes de Estado de diferentes países, así como representantes de empresas, la sociedad civil y medios de comunicación con el objetivo de establecer acuerdos y fijar estrategias para reducir las emisiones de contaminantes de efecto invernadero que, en las últimas décadas han alterado significativamente la temperatura global.   

Recordemos que ésta no es la primera reunión realizada para tratar este tema: en 1979 se llevó a cabo la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima, en 1992 la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), en 1995 la Primera Conferencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Berlín, donde se acordó estabilizar la concentración del gas de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. También se han aprobado diferentes acuerdos, por ejemplo, el Protocolo de Kyoto de 1997, en el cual los países industrializados se plantearon, por primera vez, propósitos concretos para reducir los contaminantes. Sin mencionar el Programa de Trabajo de Nairobi (2006), los Acuerdos de Cancún (2010) o el Acuerdo de París sobre el cambio climático (2015).

Pero, si se ha logrado concertar tantas reuniones para discutir y puntualizar acciones, ¿por qué las condiciones climáticas no mejoran? Tal vez porque, a pesar de los esfuerzos de las Naciones Unidas, los gobiernos siguen sin comprometerse para disminuir el uso de combustibles fósiles. Tan sólo en la primera semana de la COP26, India planteó la reducción de emisiones de carbón hasta el 2070, mientras que Brasil y Vietnam planean llegar a cero emisiones en 2050, meta poco ambiciosa si se considera la crisis ambiental actual. 

A pesar de la importancia del encuentro, en esta edición se notó la ausencia de algunos mandatarios: China, Rusia, Brasil y México enviaron representantes, pero sus presidentes no asistieron. En contraste, más de uno de los ahí presentes, después de algunas horas de debate, parecía perder la concentración e incluso dormitar. Frente a esta actitud y la postura de los gobernantes, diversas organizaciones civiles se dieron a la tarea de reunirse en Glasgow para protestar en contra de la falta de acciones de los líderes mundiales. 

Quizá lo más debatido fue la inversión del capital que las potencias prometieron aportar desde el acuerdo de París para ayudar a los países pobres; se supone que ese tema ya no debería ser discutido porque fue un pacto alcanzado hace casi seis años; sin embargo, a la fecha no es claro de qué manera los países desarrollados apoyarán a los países que no lo están para que adopten  nuevas medidas. 

La COP26 parece un as bajo la manga para ganar tiempo en beneficio de las grandes industrias, más que avances o resoluciones, como se ha venido haciendo desde la década de los setenta pues, aunque se haya establecido un plan de acción en el papel, lograr que se lleve a cabo en la realidad es una tarea titánica; sobre todo, porque la mayoría de las grandes industrias a nivel mundial no están dispuestas a anteponer las necesidades climáticas al desarrollo económico.

Los convenios alcanzados y expuestos como grandes logros resultan insuficientes; entre ellos se propone luchar contra la deforestación, pero ésta no es una idea nueva, desde el 2000 se ha intentado combatirla en el mundo, sin embargo, las décadas transcurridas han demostrado su poco éxito. De igual forma, se aprobó la agenda de tecnologías limpias, así como el compromiso en la reducción de emisiones de metano donde, por cierto, México no figura en la lista de los países firmantes. 

En resumen, se ha dejado en manos de unos cuantos las decisiones sobre la vida en el planeta y nuestro futuro, si es que todavía tenemos uno. De seguir así, probablemente en un par de años estaremos sufriendo los efectos del peso de la responsabilidad climática que no hemos asumido. Si no exigimos a las grandes industrias, a los gobiernos y a las instituciones tomar medidas drásticas y, si no nos apropiamos del problema, será irreversible la destrucción de la vida en el planeta. Y no habrá organismo, gobierno, cumbre u organización que pueda hacer algo al respecto.

PERFIL IRRADIACIÓN

Elizabeth González Pardo. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Ha publicado en revistas como Reflexiones Marginales y Marabunta. Ha asistido a diferentes cursos de danza en los Talleres libres de danza UNAM y en la Escuela del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández. Ha participado en actividades culturales para la difusión de la danza. Actualmente realiza una investigación sobre novela policial mexicana.