En torno a la poética de Luis Zapata | por Edgar Eduardo Quiroz García

En torno a la poética de Luis Zapata | por Edgar Eduardo Quiroz García

Es urgente repensar la crítica que se hace a autores LGBT+, donde se les clasifica de innovadores sin argumentar los rasgos que los definen como genios ni contra qué discursos se oponían. Como críticos, tenemos la labor de proporcionar herramientas que faciliten al lector una interpretación complementaria y lúcida, en lugar de una que replique estereotipos sociales y refuerce la invisibilidad de los textos queer. Esto sucede cuando ignoramos la tradición literaria con la que los autores dialogan, e incluso la forma y el fondo de la obra, para sucumbir a proyecciones biográficas infundadas que confunden autor y obra.

Pensemos en un ejemplo cercano: Luis Zapata es considerado en México como el escritor más reconocido de la comunidad por su obra El vampiro de la colonia Roma (1979), escandalosa y osada para las “buenas conciencias” que rigen el gusto social y cultural. Se podría esperar que un autor que expuso temas sobre la sexualidad de la comunidad de manera tan abierta en su creación generara debates debido a su innovación temática y estructural. No ha sido del todo así; la mayoría de los críticos que lo abordan lo analizan desde una perspectiva “personal” de género y se limitan a llanos resúmenes que bien pueden omitirse por su nulo contenido.

Justo por ese motivo, es necesario plantear una poética del autor que nos ayude a destacar algún carácter o estilo recurrente en su escritura. Sin embargo, clasificarla de manera crítica resulta problemático, especialmente porque los estudios sobre su obra presentan deficiencias que no responden de forma directa y concisa al uso de las herramientas estéticas, retóricas y semióticas empleadas en cada texto. Estas características son esenciales en la poética de grandes escritores, ya que gracias a ellas podemos hablar de procesos creativos influenciados por etapas específicas de la vida del autor, lo que resulta en enunciaciones generadoras de nuevos códigos discursivos.

Antes que nada, es preciso señalar que, para hablar de una poética de Luis Zapata, debe considerarse, en primer lugar, el papel que desempeña un autor. Un nombre de autor “no es simplemente un elemento en un discurso […]; ejerce un cierto papel en relación con el discurso: asegura su función clasificatoria; tal nombre permite reagrupar un cierto número de textos, delimitarlos, excluir algunos, oponerlos a otros” (Foucault, 2010, p. 233). Es decir, para hablar de alguna particularidad del autor, primero debemos comprender que su obra, pese a los diferentes géneros, estilos y temas que aborda, tiene algo en común: un mismo creador que ha reflexionado y escrito.

Esta definición de Foucault resulta útil, ya que es distinta a las proyecciones que algunos críticos hacen sobre la obra de Zapata. Lejos de hablar de cierta “amistad” con el autor, se pueden localizar aquellos momentos temáticos y narrativos de la obra, según su fecha de creación. El Luis Zapata de El vampiro de la colonia Roma no es el mismo que el de Con R de reality; sus registros discursivos se moldean por sus nuevas vivencias, lecturas y contextos. Hemos fallado como críticos literarios al aceptar estas prácticas que solo encasillan a los autores, en especial a los de la comunidad, a un único tema, cuando el proyecto creador de los autores abarca mucho más.

Teniendo esto en cuenta, es necesario emplear el concepto de obra, pues nos ayuda a delimitar qué tipo de tópicos o estilos utiliza el autor. Obra y autor son conceptos inseparables, ya que uno depende del otro: no existe una obra que se escriba por sí sola, y tampoco puede decirse que alguien es autor sin una obra escrita. Además, desde el ámbito del sistema capitalista que nos rige, el nombre del autor no puede desaparecer, como han intentado algunos teóricos al querer darle preponderancia al texto e ignorar los rasgos emotivos, sociales e ideológicos del creador. Al capitalismo no le conviene borrar a un autor y solo considerar la “escritura pura”, pues la figura de este es un signo de transacción económica, ideológica o emotiva; además brinda identidad y cierto prestigio cultural a una nación.

Lo antes mencionado también puede ayudarnos a argumentar sobre cómo se configura la representación de las enfermedades en la obra de Luis Zapata. Hablar de la enfermedad en una obra nos orienta forzosamente a un sistema social que opera como espacio determinista en la escritura de la novela. En la obra de Zapata puede apreciarse que el tema medular es la relación entre la representación del cuerpo y sus personajes. Esto es más notorio en Como en sombras y sueño (2014), donde el personaje principal se paraliza física y mentalmente debido a su profunda depresión, lo que le impide ser productivo y lo lleva a refugiarse en la escritura. Aunque la trama parece sencilla y monótona, Zapata, al abordar este tema desde la ficción, narra la deshumanización que vive una persona depresiva. Sin embargo, en un nivel más profundo, la tragedia del protagonista no es la enfermedad en sí, sino su incapacidad para integrarse en un sistema que exige producir de manera ininterrumpida: “La crisis se le aparece como una ‘catástrofe’ que interrumpe ‘repentinamente’ el curso ‘normal’ de la economía” (Lukács, 1966, p. 183).

Zapata no solo expone lo anterior en esta obra, sino que en otras también es posible notar su maestría para narrar aquellos conflictos que hacen que sus héroes se cuestionen su propio ser porque su cuerpo cambia, se enferma o simplemente se deteriora. Por esta razón, no pueden pasarse por alto estos elementos, que nos hablan de un autor con una poética de la enfermedad. En ella se puede apreciar una obra “con rasgos humanos esenciales”, en la que se notan los conflictos entre individuo y sociedad, familia y sistema social, así como enfermedad mental y enfermedad corporal. No considerar algunos de estos “rasgos” en los estudios queer ocasiona que la dimensión política y semiótica del cuerpo en la literatura, en este caso con Zapata, reduzca los textos a meras “proyecciones personales”.

Evidentemente, interpretar a un autor como Luis Zapata puede ser una tarea complicada, más aún cuando su obra es en sí polisémica. Sin embargo, es fundamental señalar algunos elementos de sus obras para establecer vínculos críticos y apreciar con mejor detalle cada aspecto, con el objeto de brindar una nueva perspectiva amplia y que difunda su producción. Tampoco podemos olvidar que cuando a un autor no se le estudia desde su propia tradición o cuando no se aprecia su obra de manera abarcadora es cuando se le encasilla a una sola novela, provocando que su demás producción sea marginada por cuestiones editoriales. Precisamente eso le sucede a Zapata: sus libros se volvieron de pronto esos huevos de Pascua que pocos guardan celosamente, mientras que El vampiro de la colonia Roma ha sido editado con más frecuencia. Es peligrosa la labor del crítico, más cuando la interpretación se torna subjetiva, personal y ramplona por comodidad, cuando deberíamos seguir el ejemplo de Susan Sontag, quien nos dice que “nuestra misión consiste en reducir el contenido de modo que podamos ver en detalle el objeto” (Sontag, 2022, p. 30).

Fuentes

Foucault, M. (2010). ¿Qué es un autor? En Textos de teorías y crítica literarias. Anthropos.

Lukács, G. (1966). Problemas del realismo (C. Gerhard, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Sontag, S. (2022). Obra imprescindible. Penguin Random House.

Edgar Eduardo Quiroz García (Estado de México, 1998). Escritor e investigador. Cursa la maestría en Teoría literaria en la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha publicado poemas en Cardenal Revista y Revista Kametsa, también es parte de la antología Poetas jóvenes de la UAM. Adicional a esto, es community senior y creador de contenido digital.