LA LEYENDA DEL UNIVERSO EXPANDIDO

POR JORGE DE LA VEGA

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

Cuando la primera entrega de la saga Star Wars vio la luz en 1977, vino a revolucionar para siempre la narrativa cinematográfica. La vasta mitología del universo creado por George Lucas nada tenía que pedirle a grandes obras de la literatura fantástica, con personajes entrañables, criaturas extrañas y toda una galaxia para explorar. El público obviamente pedía más, mucho más, y desde un principio el mismo Lucas no estaba seguro de poder dárselos; la visión de un creador es una cosa, y la logística financiera de la producción es otra muy distinta. 

Tras haber resultado el fenómeno mundial que fue en su momento, no obstante, Lucas obtuvo mucha más libertad creativa para expandir su galaxia más allá de la pantalla de cine, y se inició una de las franquicias mediáticas más grandes de todos los tiempos. Pero es interesante considerar que dicha franquicia sólo se salió de las salas de cine luego de que Lucas tuviera problemas para asegurar el presupuesto que le permitiera seguir con la saga. Así que encargó al autor de ciencia ficción Alan Dean Foster escribir una aventura alterna que sirviera como continuación de la película original en caso de que el estudio decidiera no seguir con el proyecto.

En 1978 se publicó la novela Splinter of the Mind’s Eye, la cual fungió como puente entre la primera y segunda entregas de la saga, así como para expandir inmensamente la mitología. Fue aquí que por primera vez se dio a conocer cómo funcionan los lightsabers, el origen de sus colores y el proceso de su construcción, entre otros datos relevantes. Recordemos que el internet y las enciclopedias en línea no estaban a la mano como lo están ahora. La novela fue todo un éxito, llegando al puesto número uno en la lista de bestsellers del New York Times, y así se dio por iniciado el Expanded Universe: el universo expandido de Star Wars.

Conforme creció la fanaticada, también así el deseo por saber más de este vasto universo y de los personajes principales de las películas. Mientras que la novela de Foster tomó como protagonista al héroe Luke Skywalker, el autor Brian Daley pensó que el icónico canalla espacial, Han Solo, tenía mucho más para contar de lo que se vio en la película original. The Han Solo Adventures fue una compilación de tres novelas cortas publicada en 1979, en torno a las aventuras del entrañable traficante antes de conocer a Obi-Wan y Luke en la cantina de Mos Eisley. Muy en la misma vena, y una vez estrenado The Empire Strikes Back en 1980, L. Neil Smith escribió The Lando Calrissian Adventures para quienes deseaban saber más de este elegante y carismático nuevo héroe.

Ya para 1983 y Return of the Jedi, la manía de Star Wars se había consolidado dentro de la cultura pop. Pero a finales de la década, la franquicia comenzó a perder impulso. Sin miras a una nueva película en el horizonte, y con el boom de los héroes de acción de mediados de los ochenta, el EU se fue debilitando, llegando a depender tan sólo de las tiras publicadas por Marvel Comics. Entonces llegó Timothy Zahn, hoy considerado por muchos como el mejor escritor adjunto de la saga, y en 1991 nos trajo Heir to the Empire, el primer volumen de la trilogía de Thrawn, una historia situada varios años después de Episodio VI en la cual los héroes de la Alianza Rebelde, ahora Nueva República, deben enfrentar un nuevo peligro encarnado por el Almirante Thrawn, quien al mando de los remantes del Imperio, busca retomar el control de la galaxia.

La trilogía fue tan bien recibida que el mismo Lucas llegó a considerarla como los Episodios VII, VIII y IX no-oficiales. Thrawn revivió el interés en la franquicia, y a partir de entonces el Expanded Universe (EU) se instituyó como un asunto oficial, si bien no del todo considerado canónico, en el cual la única regla era no contradecir a las películas. Bajo el sello de Bantam Spectre y Del Rey se añadieron muchas nuevas historias, entre las que destacaron la serie X-Wing, de Michael A. Stackpole y Aaron Allstone, la trilogía de Jedi Academy, de Kevin J. Anderson, y trilogía de Han Solo, de A. C. Crispin, en la cual se nos cuenta a detalle los orígenes del personaje.

Previo al lanzamiento de las precuelas, Lucasfilm añadió una prohibición particular para que en el EU no se cubrieran las décadas previas a la trilogía original. Esto para no contradecir la continuidad, si bien hubo que ajustar algunos detalles con el material ya existente. El recibimiento de la nueva trilogía no fue tan cálido como el de su antecesora, sin embargo, y para subsanar las carencias en pantalla, Lucasfilm se volcó al EU para corregirlas en la medida de lo posible. Las novelizaciones de los Episodios I, II y III a cargo de Terry Brooks, reconocido autor de la serie Shannara, R.A. Salvatore, de fama de Reinos Olvidados y Drizz el Elfo Oscuro, y Matthew Stover, de las Actas de Caín, tuvieron la responsabilidad de indagar más en la historia de las películas y sus personajes. Por ende, se dieron contradicciones menores entre lo que vemos y leemos: Anakin no es el chiquillo berrinchudo que Hayden Christensen nos legó, el romance con Padmé es mucho más orgánico, las motivaciones y complejidades de Qui-Gon Jinn son mucho más notables, y los pormenores de la Guerra de los Clones y la Orden 66 tienen mucho más sentido. Incluso el infame Jar Jar Binks es mucho, pero MUCHO menos irritable.

A la par de las precuelas, otra adición no menos controversial al universo de Star Wars se publicó entre 1999 y 2003. The New Jedi Order, una serie de diecinueve libros por varios autores, algunos ya fraguados dentro del EU y otros debutantes, nos cuenta sobre la invasión de los Yuuzhan Vong, un imperio de fanáticos religiosos venidos de otra galaxia ajena a aquella en que los eventos de la saga toman lugar. La Nueva República, junto con la Nueva Orden Jedi de Luke Skywalker, y los remanentes del Imperio deben unir fuerzas para defenderse de la aniquilación total.

Fue una serie que polarizó por completo a los lectores asiduos del EU, puesto que no sólo vino a cambiar las reglas del juego para toda la galaxia, sino que vio la muerte de varios personajes principales de la trilogía original, entre ellos el Almirante Ackbar (It’s a trap!), y el mismísimo co-piloto y mejor amigo de Han Solo, el Wookiee Chewbacca, quien se sacrifica para salvar a Anakin Solo, el hijo menor de Han y Leia.

Con la aparición del videojuego producido por BioWare Knights of the Old Republic en el año 2003, y el proyecto multimedia que le acompañó, una nueva era en el universo Star Wars se volvió accesible para los escritores del EU. Mientras que la gran mayoría de las novelas hasta este punto trataban de lo ocurrido durante y después de la saga original, el sello The Old Republic nos llevó tres mil años antes, a la Gran Guerra Hiperespacial entre el Imperio Sith y la Vieja República, encabezada por los caballeros Jedi de antaño. Aquí se dio la mayor transformación al génesis de las historias que ya conocíamos, y autores como Paul S. Kemp, John Jackson Miller, y en especial Drew Karpyshyn, quien también trabajó como guionista principal para los juegos de BioWare, nos revelaron los secretos de ambas órdenes de usuarios de la Fuerza. La trilogía de Darth Bane nos dio, también, el origen de la Regla de los Dos, donde se establece que sólo pueden existir dos Sith a la vez en cualquier momento: un maestro y un aprendiz.

Pero ahora avancemos en el tiempo hasta el año 2012, el cual vio la adquisición de Lucasfilm por parte de la casa productora Disney, lo que puso a dudar a los fanáticos sobre qué pasaría con las muchas, muchísimas historias y personajes salidos del EU. La existencia de personajes como Mara Jade Skywalker, Dash Rendar, Jacen y Jaina Solo, Jagged Fel, el Almirante Thrawn, entre muchos otros, pendía de un hilo tras el anuncio de una trilogía de secuelas. Y sí, en 2014 Disney optó por que todo el Expanded Universe fuera borrado de la continuidad oficial, y redistribuido bajo el sello alternativo Legends

En consecuencia, se creó el Lucasfilm Story Group con el objetivo de configurar un nuevo canon que permitiera la convivencia armónica entre novelas, cómics, series de televisión, videojuegos y demás proyectos salidos de la fusión con Disney. En esta nueva etapa, se han publicado ya decenas de novelas oficiales, antologías, y libros para lectores de distintas edades. Altibajos y controversias no han faltado, pero Lucasfilm ha sabido corregir sobre la marcha, y muchos cambios han servido para abrir las puertas a sectores diversos en pro de una representación más amplia. Autores prolíficos de la continuidad anterior como Timothy Zahn y James Luceno han unido fuerzas con nuevos talentos como Alexander Freed y Claudia Gray para ofrecernos una perspectiva a la vez fresca y familiar tanto al público veterano como a quienes recién se incorporan a las filas. Es, desde mi punto de vista, un gran momento para ser fanático de Star Wars.

Sin embargo, el alcance épico del antiguo universo expandido perdura como una fuente inagotable de ideas para creadores dentro y fuera de la franquicia. Su relevancia se debe en parte al factor nostálgico, sí, pero en mayor medida a su impacto en el ámbito de la ficción imaginativa como la transición más exitosa de la pantalla al librero que se haya visto hasta hoy. Pues más allá del espectáculo audiovisual, fue en la tinta, el papel, y la imaginación de incontables lectores donde se mantuvieron vigentes por mucho tiempo las historias y los personajes de esa galaxia muy, muy lejana.

PERFIL IRRADIACIÓN

Jorge de la Vega (CDMX, 1987). Escritor, traductor, bloguero y co-conductor del programa en línea de difusión literaria Crónicas D&D. Ha participado como conferencista y tallerista en numerosos foros y eventos culturales nacionales e internacionales. Es aficionado a la lectura, los videojuegos, el rock clásico y la ficción imaginativa en general.