ANHELOS

POR CLAUDIO MAMUD

Decidió dejar de llorar. A la mañana los padres la habían castigado por haber reprobado Química. ¡Química!… La materia más difícil. 

Eligieron bien el escarmiento: no le permitieron ir al recital de Tigres lanudos, la banda de rock que seguía desde que tocaba en bares ignotos. Ese era un concierto especial; el grupo festejaba sus diez años de vida y hasta habían anunciado que filmarían un DVD… Y ella no iba a estar. 

Tres ansiosas horas permaneció en la fila para poder acceder a su entrada; pensó que sería de las primeras en comprarla, pero al llegar al lugar, se dio cuenta de que muchas personas más habían pensado lo mismo. No le importó la espera. Una vez que tuvo la entrada en la mano, se fue a una confitería a tomar un jugo de naranja. Sacó la entrada para mirarla, mirarla, mirarla. Los ojos de la chica resplandecían.

Pero ahora no podía ir. Los padres decidieron golpearla donde más le iba a doler. 

Desde su cama, contemplaba las paredes rosadas de su habitación repleta de muñecos, que aún conservaba, porque fueron sus amigos de su no muy lejana infancia.

Cerró los ojos para suplir con su imaginación esa inaceptable ausencia. Se vio en el recital saltando y cantando Camuflaje, Héroe del rock pesado, y otros éxitos del grupo. Hasta se imaginó en andas de un grandote a quien no conocía, pero que le había ofrecido subirla a sus hombros para ver mejor a todos. 

Sola, en la cama, empezó a sentirse acalorada… sin duda, había mucha gente en el teatro. Cada tanto agitaba los brazos gritando el nombre de Jazi, el cantante. 

Dos horas estuvo así, lo que duró el concierto. Terminó cansada, pero excitada, como siempre salía de los recitales de Tigres lanudos.

Jamás pudo saber por qué vivió tan intensamente ese recital… permaneciendo en su cuarto.

Jamás pudo saber que, mientras ella anhelaba estar a esa hora en ese teatro, otra chica, de edad similar a la suya, se encontraba efectivamente allí, en ese recital, y que había ido sin tener deseo alguno, sólo porque el grupo le gustaba al chico con el que salía. Luego de la segunda canción, ya se quería ir. Hizo un esfuerzo terrible para que no se le notara el disgusto. A ella le apasionaba la música clásica, especialmente el ballet; de hecho, ya había comenzado a estudiar en una escuela de danza. Esa música le parecía puro ruido.

Cerró los ojos para suplir con la imaginación esa inaceptable presencia.

Se vio acostada tranquila, en silencio, en una cama ubicada en una habitación de paredes rosadas, repleta de muñecos. Al concluir el recital, se sintió cansada, pero relajada, como siempre estaba luego de haberse recostado.

Claudio Mamud (Buenos Aires, 1965) Escritor. Desde 1996 dicta clases de apreciación musical de música clásica y ópera. En 2017 presentó su primer libro de ficción: Sólo para ella y otros cuentos. Varios de sus cuentos recibieron distinciones en su país y en el exterior. Sus cuentos y microcuentos han sido narrados por diversos narradores en espectáculos y videos. En 2019 presentó su segundo libro de cuentos, Eterna Clarisa.