I
Origen: comienzo, palabra que tiene relación con el verbo oriri; surgir, nacer, levantarse. Del latín origo, comienzo, ¿cuál es tu comienzo? En el oriente el significado es otro; es dirección donde sube el Sol o nace el día. ¿Cuál es tu comienzo? ¿Cómo subes al Sol? Te pregunto a ti, ¿cómo tocas lo luminoso, cómo vamos a cambiar? ¿Cómo das vida a tu vida? ¿Cómo seducir y florecer? ¿Cómo florecer sin ejercer poder? ¿Cómo nos erigimos y cómo nos levantamos? Enterrada entre las tierras tenebrosas del pasado sentí la luz atravesarme, sedosa entre cedros, luminoso tiro del pecho y corazón, entre rumores la semilla se quebró, entre las tierras tenebrosas del pasado abrí camino y quebré lo que tenía que quebrar. Y así terrosa de café ocre escuché el susurro del sauce ancestral que también en su momento temiendo a la luz vio colgar a la enredadera de sus tiempos sucedidos, muertos, y así, así terriblemente me nació un tallo, ¿comprendes? Un tallo, un tiempo alterno, era un tallo; un amor que se arrastra, que se nutre de tus labios temporales, tenaces, que me roban el aliento solar porque tú también sediento de lo mismo que yo, navegas por el río escondido frondoso de este jardín selvático que va de Oaxaca al Ganges y de lo amado hice un impulso para ir más allá y así frutal y deliciosa busqué bifurcar el tallo entre los deseos tuyos y míos, aquellos que un día se unieron y siguen siendo posibilidades que tú sigues negando. La vida exigía romperme, quebrar lo establecido, abandonar lo que fui, atender eso que no es humano que es más grande y pequeño a la vez: atender el llamado. Y los frutos verdes maduraron en higos y el olor de guayabas rosas típicas de un dulzor me rodearon, me elevan por los aires como las risas que me piden huir, subir y volar, dejar atrás la materia orgánica. Mi pasado es una tierra antigua, una raíz podrida que alimenta hormigas y hongos, que ya no existe que es casi madera que es casi tierra que es casi una lombriz que es inmaterial y deja de estorbarme; mi pasado es una descomposición de minerales, un abismo negro que me hace llorar de noche y que la luna penetra para hacerlo frescura por las mañanas, brisa que agita los crisantemos del cementerio. El pasado es una raíz ramificada que nutre y absorbe las memorias del agua, enterrada entre las tierras tenebrosas conduzco al presente en hojas verdes, hago una síntesis, me desnudo ante lo diminuto, es una maravilla solar que gira desde los adentros y comienza a bailar hasta seducir las gotas de lluvia, deja que tu cuerpo enferme, escucha a tu cuerpo cuando enferma, escucha cuando tus sombras te llaman, amigo, hermana, amigas, escuchen cómo se quiebra la vida y llora cuanto tengas que llorar. Que la sangre se lave hasta verla roja carmín, aquí se humedece lo desconocido y lo desconocido cede hasta perder dureza, pues sabe que las lilas y violetas necesitan de él, dime: ¿podrías tú hacer lo mismo que las lilas? Perder tan sólo una vez, aceptar perder; morir y renacer, pero confundidos nosotros nada sabemos de la transmutación, apenas sabemos despedirnos. Quizá es el alma quien nos trae hasta acá en una suerte de tormenta que arrastra y destruye las alas del ave. Aquí en la descomposición de la nota musical, en la hora de los sonámbulos, en el tiempo de las delicias delicadas, entre plata y rubí, la montaña nace, hasta aquí llegué entre lo profundo y lo difuso, entre el ocre y el carmín, yo quise llegar, abandonar lo humano, dejar de ser cuerpo y entre tus caricias casi me sentí rescatada pero no, no puedes rescatarme, eso hay que dejarlo para el amor de requisito, de fichas, de tradición; lo nuestro es verde, y me dejaste caer, pues la fuerza de mis raíces vegetales me anclaron y yo caí porque quería caer, lo nuestro es música y poesía, es ternura y cuidado, es baile y dicha, es gloria jugosa, es mirar y hacer nuevas tierras, renovar tu vida con hermandad, tropezando con errores que salvan, con temor porque no somos perfectos; lo nuestro es hacer, crear realidades, a nosotros nos mueve el arte, el canto, la vida, hermanas, amigos yo sé que también vibras, aquí donde la uva se forma, aquí solo aquí una invocación, un llamado es necesario para que las zanahorias crezcan, para dejarme seducir ante lo salvaje del insecto, aquí solo aquí enterrada entre las tierras tenebrosas del pasado nace todo y nace nada, aprender a reaprender, a destrozar a surtir hacia el cielo y nada más un día quizá ser fruto, ser flor, libar del origen. Ser, la que crece en la Selva porque no puedes comprar la vida, porque los ríos jamás se secan, porque la ambición nos pudre, porque el corazón no se rompe, porque no se trata de poseer, porque nunca se ha tratado de demostrar lo que no eres, nos queremos libres, así con asperezas, como niños y como hombres, como jaguar y pantera, como niña y mujer, porque el amor es un pretexto para extender la alas, porque la vida vale, porque no puedes comprar la vida y la Selva y el origen también te está llamando.
II Ayer vi las nubes; flotar, avanzar entre los cielos.

Estefanía Yetzel Becerra Navarro (1993, Estado de México). Autora de Crecida en Selva. Los poemas de la bruja (Stultifera Navis, 2023). Gracias a este libro ha podido viajar, ya que ha sido presentado en el XXX Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres poetas, Cereté- Colombia, y a nivel nacional en Guerrero, Morelos, Veracruz, CDMX, Puebla y Edomex. Le gusta aprenderse el nombre de las nubes, comer helado y su sueño más grande es crear una escuela de artes para jóvenes e infancias. Primer lugar en el concurso de Dramaturgia escrita por mujeres con la obra teatral Pueblo Negro, representada en el Foro Contigo América, en colaboración con el FONCA, 2012. Tercer lugar del Premio Nacional al Estudiante Universitario 2021 de Poesía ”José Emilio Pacheco”. En 2015 participó en el VI Festival de poesía de Lima Homenaje a José María Eguren, Lima, Perú. Egresada de Creación literaria por la UACM.
