¿Quién podría pensar que un poema como Vrbe, el cual todos adhieren a las causas sociales, del que todos observan su filiación como “súper-poema bolchevique” y cuya dedicatoria es “a los obreros de México”, no se trata sino de un ejercicio de Maples Arce para que todos lo volteen a ver y le aplaudan por ser poeta? Si bien la autoridad de Luis Mario Schneider convence de que Vrbe resulta de suma importancia en el desarrollo de la vanguardia, pues, como menciona, “con este libro Maples Arce integra la política a la poesía estridentista”, lo cierto es que la política y los obreros a los que apoya sólo le sirven al poeta como eje temático para demostrar que se sentía por encima de todo eso. Elissa J. Rashkin, como otros, atribuye buena parte de la creación del poema al interés que tenía Maples Arce por la situación política y social que atravesaba el país en aquellos años:
Cuando Maples Arce comenzó a trabajar en Vrbe a mediados de 1923, el régimen de Obregón estaba por terminar; la siguiente elección presidencial […] traía consigo muchas tensiones. Movido por la curiosidad, Maples Arce asistió como observador a sesiones del congreso en las que las diferentes facciones competían por el poder; a veces estos conflictos se resolvieron a punta de pistola.
Además de los tintes políticos, los comentaristas del poema se esmeran en resaltar la visión de la ciudad que expresa Maples Arce. En este sentido, Schneider nos dice: “Vrbe no es exclusivamente un alegato político. Detrás del panorama revolucionario se destaca una estética de la ciudad, que en última instancia conforma la expresión poética de la obra y la concepción de imágenes de carácter futurista”. Para Rashkin, los movimientos obreros forman una parte importante del cuadro: “Estas «olas» y «ríos» humanos son inseparables de un paisaje que en sí mismo forma parte de la insurrección popular”. Todo un cuadro del que Maples Arce no forma parte, porque es un señorito de las vanguardias.
No cabe duda que, en una primera lectura del poema, estas referencias a la Revolución y a los movimientos obreros son lo primero que salta a la vista. Si se sigue esta línea de interpretación, puede hablarse de un genuino intento por parte de Maples Arce, junto con el movimiento de vanguardia estridentista, de encaminar su programa artístico al servicio de las luchas sociales. De cierta forma, podría hablarse aquí de uno de los objetivos de las vanguardias artísticas: la disolución de la escisión existente entre arte y praxis vital. En este aspecto, como en muchos otros, el trabajo de Evodio Escalante, Elevación y caída del estridentismo, me parece fundamental para iniciar una nueva línea de interpretación sobre el engañoso Vrbe. El crítico nota que ya en un poema anterior, Andamios interiores, existe una tensión entre el sujeto lírico y los grandes movimientos de la clase proletaria; sin embargo, su conclusión conduce a aceptar una idea similar a la que se ha planteado anteriormente sobre Vrbe. Para el crítico: “Ningún escritor mexicano, que yo sepa, ha podido expresar mejor que Maples Arce la contradicción entre la individualidad del poeta y el advenimiento de un nuevo sujeto multitudinario que implica, de algún modo, la desaparición […] del primero”. Pienso que esta disonancia advertida por Escalante en Andamios interiores también se encuentra en Vrbe. No obstante, este poema no se resuelve en el borramiento de la figura de autor —como podría esperarse de un poema cuyo objetivo es exaltar los movimientos sociales— ni una crítica sobre el status de la obra de arte en un mundo configurado por la burguesía maliciosa. Al contrario, nos encontramos con la exaltación de estas dos categorías: la de poeta y la de poema. Porque, por supuesto, todo poeta quiere que sepan que lo es.
Conviene recordar ahora la dedicatoria de Vrbe: “A los obreros de México”. Pareciera que el Maples Arce hace entrega de un bien al movimiento obrero, como símbolo de su solidaridad con ellos. Empero, desde el comienzo, Maples Arce presume que ese texto es su creación. Le asigna un tono muy personal: “He aquí mi poema”. El adjetivo posesivo en primera persona no hace sino exaltar su autoría. Desde el inicio, Maples Arce señala que él es el poeta creador. Por ello, aunque el texto va dedicado a la clase proletaria que habita “la nueva ciudad”, no puede encontrar una completa asimilación, pues tiene un autor que no se identifica integralmente con ella. Por si fuera poco, durante el primer canto del poema, el verso aparece otras dos veces al inicio de sus respectivas estrofas, como un recordatorio al lector de que existe, detrás del escrito, una persona que lo ha creado.
La tensión se hace más patente si se observa la relación entre el sujeto lírico y las alusiones a los movimientos ciudadanos que aparecen dentro del poema. No cabe la menor duda de que los obreros son mencionados en repetidas ocasiones a lo largo de Vrbe. Sin embargo, pareciera que su presencia es meramente ornamental. En el canto I, aparece lo que podría ser una manifestación: “La multitud desencajada / chapotea musicalmente en las calles”. Este grupo de gente no se encuentra delimitado, sino más bien desfigurado; y sólo produce sonido en su paso por las calles. Una escena similar se encuentra en el canto II:
La muchedumbre sonora hoy rebasa las plazas comunales y los hurras triunfales del obregonismo reverberan al sol de las fachadas.
Hay, otra vez, una gran concentración de gente, que sólo produce sonido, del que no puede obtenerse algún mensaje en particular, sino la sola emoción por el triunfo. En el canto III sólo hay una mención, muy breve, en la que ya ni siquiera existe una acción por parte de los obreros: “Los obreros / son rojos / y amarillos”. Aquí el poeta sólo distingue las dos facciones encontradas y pasa de largo. Es el canto IV en el cual se encuentra la representación de mayores vuelos poéticos sobre los trabajadores:
Los ríos de blusas azules desbordan las esclusas de las fábricas, y los árboles agitadores manotean sus discursos en la acera. Los huelguistas se arrojan pedradas y denuestos, y la vida, es una tumultuosa conversión hacia la izquierda.
En estos versos puede observarse ya una completa despersonalización de los obreros, pues, por medio de una metonimia, “blusas azules”, se hace referencia a ellos. En los últimos cuatro versos de la estrofa vuelve a incluir los problemas entre los diferentes grupos de obreros y una mención hacia un cambio, violento por cierto, de posición política. Puede notarse cómo, poco a poco, los obreros —que ya desde un inicio contaban con pocas características que los delimitaran— se diluyen a lo largo del poema, hasta que sólo quedan sus uniformes de trabajo.
En cuanto al yo poético, puede advertirse un fuerte contraste con respecto a la situación de los trabajadores, que pierden sus materialidad diluidos a lo largo del poema en una masa de ropas y de colores que sólo emite sonidos. “¿De quién son esas voces / que sobrenadan en la sombra?”, se pregunta el poeta, sin una respuesta concreta. No obstante, su propia figura va cobrando más profundidad, tanto material como psicológica. En los cantos II y III, el yo poético nos habla de sus manos y sus dedos; más adelante, en el canto IV, se refiere a su memoria, su cerebro y, de nuevo, sus manos; en el último canto, por fin, se refiere a su propia alma. Incluso se nombra a sí mismo para situarse en el mundo que describe y para situar su posición poética:
Explosión simultánea de las nuevas teorías, un poco más allá
En el plano espacial
de Whitman y de Turner y un poco más acá de Maples Arce.
Pareciera que con esas “nuevas teorías”, que estallan al mismo tiempo, se refiere a los movimientos de vanguardia surgidos alrededor del mundo. Para Maples Arce, claro está, las vanguardias han llegado más lejos que otras propuestas artísticas —están “un poco más allá”— que Whitman y que Turner. Él, como representante de uno de estos movimientos, se encuentra más cerca temporalmente, dentro del debate actual sobre el arte. Es interesante que ya se hable de un “plano espacial”, en lugar de uno temporal. Esto es importante, pues el mismo poeta se ubica lejos de la ciudad que evoca: “Yo siento que se aleja todo”. La distancia que marca con respecto de otras poéticas y de ese paisaje violento en el que marchan los obreros, acentúa su posición como autor de vanguardia. No se mezcla ni con los obreros a los que, supuestamente, pretende representar en su poema ni con esa ciudad que retrata.
Queda claro que la resolución a la tensión que Escalante, de manera muy inteligente, señala en la poesía de Maples Arce, en Vrbe no va encaminada hacia la disolución del sujeto poético en la multitud; por el contrario, sus procedimientos se orientan a acentuar tanto su posición de autor, como el status de su poema. No cabe duda que Maples Arce era consciente de ello. Recordemos que su movimiento estaba en pugna con el grupo de Contemporáneos por la hegemonía cultural del país, por lo que resultaba indispensable que Maples Arce se reconociera plenamente como poeta y, todavía más, como el creador de un programa de trabajo artístico que guiaría a su grupo. No sorprenden, así, estos versos: “Mañana, quizás / sólo la lumbre viva de mis versos / alumbrará los horizontes humillados”. Su adhesión a la ideología revolucionaria puede tomarse como estrategia para crear un vínculo con el movimiento político dominante y obtener los recursos suficientes para mantener sus proyectos culturales. Por ello, a nadie escapa el hecho de que al año siguiente de la publicación de Vrbe, el grueso del movimiento estridentista comenzara a colaborar estrechamente con el gobierno de Heriberto Jara en Xalapa y que, con la caída de éste, se dé por terminado el movimiento vanguardista.

Luis Carlos Ventura Escudero (Ciudad de México, 1995). Maestrante en el programa de Humanidades, línea de Filología, de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa. Ha publicado reseñas y artículos de investigación en revistas especializadas como Edad de Oro, Nueva Revista de Filología Hispánica y Revista de Filología Española, entre otras.
